Entrevista a Gisela Chung, presidenta del partido MOLIRENA.
por: Magdalena Camargo Lemieszek
Gisela Chung, abogada de profesión, es presidenta de uno de los partidos de oposición más grande a nivel nacional: el MOLIRENA; pero además de eso es madre y esposa. Una mujer que se ha visto envuelta en la política desde temprana edad, y que luego de una larga trayectoria de luchas y conflictos internos ha logrado escalar hasta la dirigencia de este colectivo.
Me incliné por realizar esta entrevista debido a que el MOLIRENA es actualmente el único partido cuyo presidente es mujer y de orígenes populares. Sí, si hacemos una revisión todos los demás partidos políticos están dirigidos por gente que pertenece al círculo de poder económico del país.¿Cómo logró Gisela Chung vencer el poder económico tradicional que lideraba el partido?
Si bien ha sido una victoria, ésta ha tenido sus costos. Luego de la pasada dirigencia el MOLIRENA perdió todas sus sedes nacionales y adeuda cientos de miles de dólares. Ahora a la nueva directiva le toca afrontar esa herencia y trabajar a nivel nacional con un presupuesto estrecho. No hace mucho instalaron la nueva sede del partido en la ciudad capital, donde fue acordada mi entrevista. La sede del partido adornada con unos cuantos cartelones que hablan de democracia, renovación y compromiso dan fe de su búsqueda por reestructurarse y retomar fuerzas luego de un largo periodo de persecuciones y “canibalismo político”.
Gisela Chung es una mujer que en persona sorprende por su baja estatura y la potencia de su voz, quizá producto de los discursos que ha venido dando desde sus días en los movimientos universitarios y que ahora dicta frente a sus estructuras. Su oficina está marcada por los dos años en los que ejerció funciones como embajadora en China y tras el escritorio me la encuentro expectante y algo tensa, luego de advertirle que no es una clásica entrevista de opinión y que la dinámica es un tanto distinta, así que sin más decido dar comienzo a mi entrevista:
¿Cómo se inició en el mundo de la política?
Yo diría que desde muy joven. Recuerdo que cuando estaba en sexto grado comencé a escuchar y a prestar atención acerca del tema de Panamá y de los Estados Unidos, sobre todo en tópicos controversiales como cuánto recibía Panamá en conceptos ingresos del canal y cuánto era lo que producía esa obra para los Estados Unidos. En ese entonces quien me inició esta inquietud era un maestro, que se convirtió con los años en dirigente magisterial. Creo que esas circunstancias iniciaron toda esa inclinación por la parte social y política. En la escuela secundaria, cuando cursaba tercer año, tuve la oportunidad de presenciar los intentos por iniciar movimientos estudiantiles a nivel del colegio, el Instituto Doctor Alfredo Cantón, y posteriormente participé en ellos. También en la universidad participé en el movimiento estudiantil universitario, y cuando en el 82 se permiten los partidos políticos, ingreso al MOLIRENA. Así que desde mi mayoría de edad y desde su fundación soy miembro del partido.
Cuando se inició en la política ¿qué aspiraciones tenía?
Ninguna. Reconozco que entré por el deseo de querer trabajar, poder contribuir y poder participar en los cambios y en las transformaciones por el bienestar de las comunidades a las que pertenecía. Confieso que no fue con intención de descollar desde el punto de vista personal. Una mujer de estrato humilde, sin grandes conocimientos de tipo político no tenía mayor aspiración. Quería trabajar por el país y por mi comunidad.
Para usted qué es “hacer política”
Hacer política es la transformación de la sociedad. No es otra cosa que hacer de un país un lugar más provechoso para todos, más justo y más humano. Es garantizar que a los sectores más vulnerables se les atienda y se les escuche como merecen.
Usted vivió la crudeza de la dictadura, de aquella época ¿qué vivencias la marcaron?
Esas fueron las circunstancias del inicio de mi carrera política. Creo que de no ser por la juventud probablemente no me hubiese atrevido a desafiar como lo hice en aquel momento al gobierno militar, probablemente si hubiese tenido más edad hubiese sabido que estaba desafiando a un poder cuya represión podía llevarme a la muerte; porque en aquella época las amenazas eran latentes. Considero que la juventud lo único que te permite es que tu trabajes mucho más heroicamente, con más altruismo y sin pensar en riesgos y consecuencias. Ese fue mi primer escenario donde tuve la oportunidad de probarme y mostrarme como candidata, porque fui candidata en aquel momento y lógicamente no fue una tarea fácil. Pero es justo ahí frente a la adversidad donde uno va aprendiendo y formando cierto carácter.
¿Hay de aquella época algún hecho o anécdota que recuerde en particular?
Pues recuerdo que en una ocasión durante el cierre de campaña la gente comenzó a decir que venían los batalloneros, hubo mucho pánico, y lógicamente en ese momento la verdad que sentí muchísimo miedo. Cuando vino el tema de la invasión yo vivía cerca del cuartel de San Miguelito, en Veranillo. Durante la invasión fueron momentos de mucha tensión principalmente para mi madre. Decían que iban a apresarme y fue entonces que mis padres decidieron sacarme de San Miguelito y me llevaron a un domicilio diferente tratando de salvaguardar mi seguridad y mi vida. Yo creo que esas fueron anécdotas que uno conserva, así como las marchas cargadas de mucha represión, los “pitufos” atacando a las multitudes, entre otras cosas. Afortunadamente nunca me llegaron a atrapar pero sí era difícil cuando veía que mucha gente cercana a mí llegó a tener incluso lesiones producto de la represión en aquel momento.
Volviendo a la época universitaria, de aquellas participaciones en los movimientos universitarios, ¿qué experiencias de aquellos días siguen presentes con usted hoy?
Creo que mi ingreso a los movimientos universitarios fue producto de mis inclinaciones políticas, pero en la universidad yo era un poco más crítica. El carácter estaba germinado, y ya me atrevía a preguntar el por qué de las cosas. Cuando me encontré con muchas preguntas que no tenían respuesta se fueron generando dudas, quizá como consecuencia de que ya el movimiento en aquel momento estaba siendo infiltrado por los militares. Mi insistencia por cuestionar a los líderes y dirigentes condujeron a cierto grado de conflicto entre nosotros, porque se me pedía que me conformara con saber lo que ya sabía y para mi eso era inadmisible.
¿Ha sido difícil abrirse camino en el mundo de la política siendo mujer y de un sector popular?
Sí. Es difícil enfrentarse al machismo. Probablemente de haber sido hombre me hubiese costado menos trabajo. Lo primero era no solamente demostrarme a mí misma que era capaz de lograr cambios y transformaciones sino también convencer a los compañeros de que uno es capaz de poder hacer las cosas y hacerlas bien. Creo que además es cierto que la mujer no solamente se dedica a la actividad política, ya que tenemos otras faenas, otros compromisos, otras funciones. Ser madre, ser esposa, ser profesional y ser política son temas muy difíciles de compaginar unos con otros. Si no encuentras un equilibro verdaderamente puedes encontrar conflictos a nivel personal.
Justamente tomando en cuenta la búsqueda de ese equilibrio entre las giras a nivel nacional, los programas de radio, entrevistas como estas (ríe), y su familia imagino que para hacer política hay que sacrificarse en muchos sentidos, ¿cuáles siente usted que han sido sus mayores sacrificios?
Reitero lo que decía, mis mayores sacrificios se refieren a sacrificar tiempo para compartir con mi familia. Tener que salir de mi casa a sabiendas de que mis hijos están chicos todavía y de que me necesitan significa para mí mucho esfuerzo de tipo físico y emocional. Si no contara con un compañero como mi esposo para mí sería una situación muy complicada. Sin embargo, intento en algunas ocasiones llevarme a mi familia para el trabajo político para estar en compañía de ellos, sólo cuando la agenda es muy agotadora y de mucho trabajo no pueden participar. Pero sí intento integrarlos, dentro de lo posible, en mi trabajo político.
La política brinda la oportunidad de acercarse a los campos lejanos, a la gente que vive en extrema pobreza. ¿Qué siente usted al tener la oportunidad de tener contacto cercano con la gente que más necesita?
Bueno yo provengo de ese sector. Así que para mí más que un reto es un compromiso ser la voz de aquellos sectores más vulnerables que a veces no tienen acceso a poder presentar sus inquietudes, sus aspiraciones, sus problemas y canalizar todas las cosas que les preocupan. Creo que el hecho de provenir de ese mismo sector social me hace ratificar mucho más mi compromiso e identificarme más con los problemas de la gente.
La política tiene muchas caras, ¿Cuál le ha parecido más difícil?
La cara más difícil de la política es la traición. Hay mucha gente que claudica y se entrega con mucha facilidad, sucumben al poder y sucumben a las posiciones. En el caso particular del MOLIRENA pasamos por una crisis muy difícil y créame que yo viví internamente lo que era la traición de nuestros propios compañeros y amigos. Incluso podría afirmar que a lo interno se desarrolló una especie de canibalismo político.
En cuando al escenario nacional, es cierto que la política en Panamá está constituida en el clientelismo ¿Cómo se puede cambiar esto?
Pienso que el electorado cuando siente que vas a pedir algo, en este caso un voto, considera que estás en deuda con él. Lógicamente en muchos casos la gente si te apoya es justamente con el objeto de que cuando accedas al poder los escuches y tengas la oportunidad de ayudarles. Esto es lo que nosotros tradicionalmente vemos acrecentarse durante los procesos electorales y surge éste fenómeno que llamamos clientelismo político. Se trata de gente que, si bien no milita, ve la oportunidad de conseguir una recomendación o satisfacer sus necesidades personales. Entonces esa gente se inscribe en los partidos políticos sin tener conocimiento de la estructura y de la plataforma política del partido. Creo eso se lograría mermar no solamente enseñando a nuestra gente docencia, sino orientando al electorado también, y enseñarles que inscribirse en un partido político es un acto de responsabilidad y compromiso que conlleva deberes y derechos también. La intención de asociarse en la política no es para servirse a uno mismo, porque no se le pregunta al país que puede hacer por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país.
Usted tuvo la oportunidad de ejercer durante dos años funciones como embajadora de Panamá en la República Popular de China, ¿Qué impresiones a nivel personal y a nivel político obtuvo?
China fue para mí un reto desde el punto de vista étnico, aclimatarme a la comida distinta y al lenguaje. Pero lo más impresionante fue ver el desarrollo económico con la cantidad de habitantes que tiene la Republica Popular China. Son más de 1200 millones de personas. Fue interesante observar como hace el gobierno para poder canalizar las necesites o inquietudes de tipo social que pueda tener la gente. Yo creo que ellos se establecieron metas. Y las principales metas me parece que las han cumplido, no en su totalidad, pero uno debe fijarse metas y una de la principal de todas ellas era abastecer a su gente de comida. China es una nación impresionantemente grande; pero también es autosuficiente en al generación de sus alimentos. Y aunque hay pobreza, porque sí hay pobreza, debo reconocer que la comida para el ciudadano chino es accesible. Además el gobierno se preocupa muchísimo porque su gente no pase frío, y aunque lógicamente el sistema de tipo comunista ofrece una vivienda humilde es indudablemente de tipo decorosa. Desde el punto de vista económico, es una economía capitalista. La gente desarrolla con mucha fuerza y vehemencia el comercio y en China el gobierno ha dado mucha importancia a las exportaciones. Por esa razón estimulan las exportaciones, estimulan sus empresas para que exporten y se puede decir que se han tomado el mundo con sus productos. Considero que todas son metas que se han trazado y que han cumplido y yo creo que son cosas que se sería interesante emular e imitar para los efectos.
No puedo entonces evitar observar un cuadro en la pared de una muchachita china con el uniforme pardo comunista y el brazalete rojo en el brazo, y la tentación de hacer una pregunta un tanto audaz me invade:
MOLIRENA significa Movimiento Liberal Republicano Nacionalista. El liberalismo está inclinado por la derecha y el capitalismo. He tenido la oportunidad de presencia diversos discursos de la dirigencia del partido, y en ellos se marca una línea un tanto distinta. ¿Cree usted que la actual visión de MOLIRENA como partido compagina con esa visión inicial? ¿O en otras palabras, el MOLIRENA sigue siendo ese partido de extrema derecha que fue concebido en el 82?
Es indudable que ha cambiado. Reconozco que cuando ingresé a MOLIRENA, siendo una chiquilla, a mí siempre me decían que era un partido de derecha. Pero ya desde entonces yo decía siempre que si bien había gente de la derecha también había mucha gente que era de la clase media y de la clase popular. Probablemente sus dirigentes iniciales podrían tener esa inclinación; pero las bases y las estructuras siempre han estado en manos de la clase media profesional y en las clases populares. Me parece que lo que ha habido es un poquito de cambio en esa percepción. En todo caso de parte mía han encontrado tolerancia, porque en lo personal no importa el sector que sea o el sector social que tú representes, si militas y haces las cosas con esmero y con empeño pues ese trabajo es lo que tiene verdadero valor.
No satisfecha, vuelvo y arremeto con otra pregunta temeraria y al escucharla la presidenta del MOLIRENA no puede evitar disimular la gracia que le causa.
Si no es así, ¿a causa de esta incongruencia no sería pertinente cambiar el nombre del partido?
Pues no. Considero que hay una tradición, y creo importante no olvidar los orígenes para no olvidar hacia donde se va. Y no quiero olvidar ni el nombre ni el origen del MOLIRENA para que no olvidemos cual es nuestra ruta y nuestro destino. Además me parece que dentro del escenario político en el que nació el partido se dio una fusión de muchas otras corrientes políticas que existieron antes del 68. También me parece relevante que en aquel momento cuando se ingresaba en una organización política se hacia sobre la base de un programa, había una ideología. Creo que eso es lo que ahora falta en los contenidos de tipo político. Por ejemplo, la ideología liberal tiene muchas cosas bondadosas, y considero que vale la pena promoverla en medio de los jóvenes, para que tengan un poco más de idealismo en función de poder perseguir metas para el país y para ellos mismos.
El MOLIRENA es en estos momentos oposición ¿qué significa para usted ser oposición?
La oposición es guardar el equilibrio entre quien ejerce el poder y quienes no estamos en el ejercicio del mismo. Es el contrapeso, es llevar a efecto la fiscalización de los fondos del Estado y que se cumplan las promesas electorales. Oposición es denunciar lo que se tenga que denunciar, pero también aplaudir aquello que corresponda a fin de que la gente no pierda la confianza en las organizaciones democráticas ni en las organizaciones políticas. Yo creo que precisamente eso es lo que le da el sabor a una democracia. Que puedas encontrar el contrapeso.
¿Dejaría alguna vez Gisela Chung de ser política?
Sí. En la vida a todos nos llega un punto, parecido a cuando se es cantante, en el que vas en declive y lo único que queda es tener la madurez suficiente como para saber que el discurso político de uno se va quedando atrás. Entonces hay que aceptar que vienen nuevas generaciones políticas las cuales tienen que sucederlo a uno. Casualmente estamos inmersos ahora mismo en el intento de preparar a los que nos han de remplazar en un futuro y serán ellos los que tendrán la responsabilidad de continuar desarrollando las estructuras del partido. Porque para los efectos, en la política hay un tiempo en el que eres productivo; pero después vas a tener que aceptar que también vendrán otros a reclamar su propio espacio y su propio liderazgo.
Así, Gisela Chung también reclamó su propio liderazgo dentro del relevo generacional y ahora es su momento. Al final de la entrevista no me cabe duda de que el MOLIRENA, con una dirigencia transitoria de origen popular, representa el primer síntoma de que la gente, las bases, las estructuras, están cansados de los líderes ajenos a sus realidades y que tienen la fuerza para hacerse sentir, cambiar eso, y elegir un dirigente que vaya de acuerdo con sus necesidades. Para finalizar me parece pertinente citar a Humberto E. Ricord en un artículo que se refiere particularmente al caso del MOLIRENA: “Creemos que, dentro de la situación conocida, el caso del Directorio de relevo del MOLIRENA, nada tiene de extraño, porque es un síntoma resultante de la pérdida de la creencia popular que se respira en las elecciones presidenciales y legislativas, en el sentido de que la esperanza eleccionaria dura poco y comienza a imponerse rápidamente una frustración que puede ser caldo de cultivo de cambios verdaderos, que se imponen por la fuerza de los hechos o que, por lo menos, tienden a buscar esa vía de salida.”